sábado, 4 de abril de 2009

Resistencia mapuche a forestales y petroleras en Argentina

Fuente.Azkintuwe
Las políticas provinciales en Neuquen han desembocado en una drástica reducción del territorio mapuche, es decir en comunidades despojadas de su medio de vida y cultura. Algunas de estas familias fueron violentamente expulsadas de la zona. Y ante la respuesta organizativa también aparece el reflejo represivo estatal. De modo que se inició todo un proceso de persecución judicial que intenta generar el miedo en las familias, con la llegada de citaciones de la Justicia y denuncias por usurpación.
Los procesos de recuperación territorial mapuche en Neuquén se enfrentan al creciente embate del capital forestal y petrolero. También entran en contradicción las lógicas de relación con el territorio. La comunidad mapuche Ñalaicó está cerca de la ciudad de Zapala, a escasos 30 km, en la zona central de la provincia de Neuquén. Se trata de un espacio geográfico para la vida durante los tiempos fríos, ya que las comunidades están con el ganado en las tierras altas de la montaña durante el verano. En ese ir y venir los mapuche se ven cruzados por la codicia del capital y el atropello estatal.
Silvia Claleo es werkén (vocera) de la comunidad mapuche Ñalaicó (provincia de Neuquén). Como werkén participa en la Confederación Mapuche Neuquina, una organización que nuclea alrededor de 62 comunidades en toda la provincia. “Mi responsabilidad política dentro de la Confederación es trabajar en la zona norte, que involucra a siete comunidades”, cuenta. Su labor implica resolver lo urgente desde la propia cosmovisión: “recuperar una comunidad es trabajar lo interno, ir más allá de la necesidad, es recuperar un espacio que tiene todo un valor cultural”. Pero al mismo tiempo aparece la necesidad de pensar lo estratégico: “la discusión de hacia dónde va el rumbo, la proyección que se plantea hoy el Pueblo Mapuche aquí en nuestro territorio. Esa es mi responsabilidad”, afirma.
Los tiempos del capitalismo
La práctica de pastoreo que tradicionalmente realiza el pueblo mapuche implica el traslado, algo que hoy se ve gravemente dificultado. “Culturalmente practicamos la trashumancia [1], que consiste en estar durante el invierno en lugares más cálidos (invernada) y en el verano trasladarnos a los lugares más altos, denominados espacios de veranada. Es una práctica ancestral que tiene el Pueblo Mapuche, y es en función de proteger el medio donde vivimos, el espacio territorial, porque consideramos que tenemos que dejar reposar el territorio”. Este traslado manifiesta un tipo de relación opuesto al que impone hoy el capitalismo, que se expresa mediante la extracción permanente y sin reposo.La comunidad Ñalaicó ahora está en la zona del río Litrán [2], un espacio en el que realizan la veranada más de siete comunidades de la zona central y en el que vienen creciendo las situaciones de conflicto. En todos los casos se da la misma modalidad, “porque una de las políticas de arrinconamiento que ha impulsado el estado neuquino y el estado nacional es la venta de todo lo que han considerado apto para el turismo o para la forestación”, explica Silvia Claleo. Toda una zona (más de veintisiete parajes) que hoy están en ardua disputa.
“Nuestra comunidad viene desde siempre a veranar a estos territorios, que consideramos como propios, para el pastoreo de animales. Venimos, de hecho, de una historia de arrinconamiento y de avasallamiento importante que les tocó vivir a nuestros mayores. A nosotros nos toca remontarnos a diecinueve años atrás, cuando se crea la Corporación Forestal Neuquina (CorFoNe), una de las políticas del estado provincial para la forestación de grandes espacios que antes eran utilizados para la veranada”. Este modelo forestal que se estaba implantando con especies foráneas tendría severas consecuencias para esta región.
Hoy las familias al llegar a la veranada se encuentran con un territorio mucho menor y poco apto para el desarrollo ganadero, extenuado por la incansable forestación que no tiene contemplación del impacto que genera. Este es un proceso que se da dentro de la política de creciente venta y extranjerización sin miramientos de las tierras, a cualquier tipo de capitales [3], que transforma el territorio ancestral mapuche en estancias para forestación o turismo.
Organización para resistir
Estas políticas provinciales se materializaron en una drástica reducción del territorio mapuche, es decir en comunidades despojadas de su medio de vida y cultura. Algunas de estas familias fueron violentamente expulsadas de la zona: “se empezó a correr a todas las familias, las rucas (casas), los corrales, se intentó borrar todo lo que pudiera dar muestra de la posesión de un lugar. Pero no pudieron borrar la memoria de la gente y por eso tuvimos una movilización mapuche que comenzó el proceso de recuperación de los territorios”. Y ante la respuesta organizativa también aparece el reflejo represivo estatal. De modo que se inició todo un proceso de persecución judicial que intenta generar el miedo en las familias, con la llegada de citaciones de la Justicia y denuncias por usurpación.Silvia Claleo cuenta que “en este último período el conflicto ha sido mucho más visible y violento”. Una de las metodologías de expulsión que se ha desarrollado es la introducción de personas en las propias casas de los mapuche: “te argumentan que él sólo es un peón y que está cuidando lo que supuestamente su patrón le delegó. Es muy chocante entrar a tu ruca y encontrarte con un ajeno que te dice que esa ruca que vos mismo levantaste le pertenece a un tipo que no conocés”. Por eso el proceso iniciado con fuerza hace seis años implicó también el resguardo de las zonas de veranada: “nuestra reacción a todo esto fue encarar el conflicto y realizar acciones directas, pero también llevamos reclamos a los organismos institucionales del estado como para definir quién es el usurpador, si es el Pueblo Mapuche o es el estanciero”.La organización de las comunidades y la asunción de la pertenencia a una cultura y un territorio requiere un definido trabajo previo: “Este proceso que iniciamos en el 2003 tiene todo un tiempo de desarrollo, no es algo que hacés de la noche a la mañana, sino que hubo toda una preparación desde el saber Mapuche, del por qué nosotros volvemos a los territorios y decidimos recuperarlos. Si esta generación joven recupera un territorio lo hace seguramente por sus animales y la pastura, pero además lo hace para recuperar toda la relación cultural que tiene el che (la persona) con el medio en el que se desarrolla. En esto hay toda una connotación cultural más importante que la necesidad de subsistencia y que lógicamente genera movilización”.Estos procesos de lucha por el territorio se insertan en una historia, remiten a ella, y surgen incluso de sus determinaciones materiales. “Desde la conciencia Mapuche, desde el ser Mapuche, vimos cómo nuestros mayores fueron despojados de sus territorios, y sin embargo tuvieron la capacidad de formarnos en esas graves condiciones. Si de alguna manera nosotros, los más jóvenes, tenemos hoy la responsabilidad que nos toca asumir, es de alguna manera porque llevamos a la práctica lo que ellos nos enseñaron y lo que ellos conservaron. Y en este sentido yo veo un crecimiento importante desde el aspecto cultural, de la identidad, de la transmisión de conocimientos. Cuando a nuestros mayores los corrieron de todos estos lugares nosotros éramos niños. En algún momento decíamos '¿por qué no haber sido grandes para que no hubiese ocurrido lo que ocurrió?'. Cuesta asimilarlo, poder entenderlo, pero eso es también parte del cambio y de la transformación que vamos notando. Es una transformación que te fortalece”.
Cuando el árbol no hace bosques
El negocio forestal de Neuquén, culpable de gran parte de estas expulsiones, es impulsado por la Corporación Forestal Neuquina, que promueve la implantación principalmente de dos especies de pinos foráneos: “ponderosa” y “oregón”. Una parte de la producción de esas plantaciones es destinada a la la industrialización de la madera. Sin embargo no sólo en Neuquén sino en toda la patagonia hay ingentes cantidades de pino exótico esperando ser taladas. Investigadores ligados a las asambleas ambientales han denunciado la posibilidad de la instalación de papeleras en el sur argentino.No debe confundirse la idea de “plantación” como un factor de ayuda a la protección del “bosque nativo”. Más bien entran en competencia y la plantación exótica tiende a desplazar al bosque nativo. Pero las forestales intentan convencer a la opinión pública de que se trata de una actividad ambientalmente positiva: la “reforestación”. La mayor parte de estos “pseudo bosques”, al menos en la región del Mercosur, son de pinos de origen norteamericano (aunque también se utiliza el eucalipto, una variedad procedente de Australia). El sistema de “plantación” constituye en realidad un sistema de “monocultivo de árboles exóticos”.¿Por qué estas plantaciones no tienen nada en común con un bosque? Porque genera un grave problema ambiental: la pérdida de biodiversidad. Silvia Claleo lo explica así: “Esta política de forestación simplemente ve lo rentable que puede llegar a ser. Pero nosotros vemos que impacta en el territorio, en todas las plantas originarias de la zona. Tener que ver un montón de bosque verde y ninguna vida alrededor, eso habla del impacto que se ha generado. Hay toda una transformación de la biodiversidad y mucha pérdida del lahuén (variedades de hierbas). Por ejemplo en esta zona del Litrán había grandes extensiones de 'paramela' y 'coirón', y de muchas otras plantas”.En el caso particular del pino, el suelo sufre un proceso de acidificación por la resina que desprenden estos árboles. Debajo de un bosque implantado de pinos no crece nada. Tampoco es un lugar que elijan los pájaros para anidar, ni ningún animal. Estas plantaciones no sólo expulsan al ser humano, sino también al resto de la naturaleza. Además estos árboles tienen que ver con la baja del caudal de los ríos: el mismo río Litrán ha disminuido notablemente.“Los especialistas en forestación dicen que es necesario tener cortinas de viento (espacios en blanco) por si se produce un incendio. Acá ves que plantaron de un modo descontrolado. Incluso los han puesto junto a nuestro pehuén (araucaria), algo aberrante”, cuenta Silvia. Pero el pino además avanza no sólo porque se lo sigue plantando, sino porque sus semillas son diseminadas por el viento: una especie invasora que constituye un grave peligro para las áreas nativas aún en pie. En Argentina la implantación del monocultivo de pino no es un problema únicamente de la patagonia: la mesopotamia -en especial Misiones- sufre también por estos emprendimientos. Y el pueblo mapuche no sólo se encuentra en conflicto con las forestales del puelmapu: en gulumapu (Chile) el impulso de este modelo se remonta al gobierno del dictador Pinochet.Resulta interesante encontrar alguna definición sobre los bosques. Dice un artículo publicado en Biodiversidadla: "Un bosque es un sistema complejo, que se autoregenera y que incluye suelo, agua, microclima, energía y una amplia variedad de plantas y animales en mutua relación. Una plantación comercial, por el contrario, es un área cultivada, cuyas especies y estructura han sido drásticamente simplificadas para producir sólo unos pocos productos, ya sea madera, leña, resina, aceite o frutas. A diferencia de los bosques, en una plantación los árboles tienden a pertenecer a una reducida variedad de especies y la fauna no la habita, convirtiéndola en silenciosa" [4].Para Silvia, “estos pinos son plantas exóticas en esta región, lógicamente en su lugar de origen tendrán otro valor, pero aquí impactaron de manera negativa, introducidas de manera violenta y forzosa”[5]. “Se ven plantaciones de pino ubicados a menos de un metro uno del otro: en una hectárea puede haber tres mil pinos plantados. Todo eso consume enormes cantidades de agua. Todos aquellos caudales de agua de pequeños arroyos que bajaban del cerro hoy ya no están. Incluso los técnicos que se especializan en el tema hablan del estrés hídrico que generan estos pinos”. Mediante el alto consumo de agua y las profundas raíces estos pinos logran alcanzar altos desempeños de crecimiento en pocos años, algo que los inversores forestales ven como muy bueno para su negocio.Toda esta implementación económica está dejando un tendal que en algún momento será evidente para las generaciones venideras. En este sentido Silvia opina que “a nosotros hoy nos toca la responsabilidad de no dejarle a nuestros hijos lugares así, totalmente desérticos. Y creemos también que no es tan sólo una discusión del Pueblo Mapuche sino que también implica a toda la sociedad”.
Más negocios: el turismo
Toda esa zona cordillerana se ve también invadida por un crecimiento irresponsable del negocio del turismo. El poblador originario ve cómo sus intereses chocan con los del capital del turismo, que implican negocio inmobiliario, desalojo, y también contaminación. “Cuando empieza a plantearse una política de turismo comienzan a venir todos aquellos intereses que no consideran al poblador, al que vive y produce en el territorio. Así tenemos que convivir con gente que tiene un interés totalmente contrario al nuestro. El Mapuche no quiere el territorio para explotarlo o violentarlo como lo están haciendo, lo queremos para poder desarrollarnos y poder vivir. 'Ser parte de' y no 'ser dueños de' este territorio que recuperamos”.Con esa contradicción de intereses muchas veces la lucha mapuche se encuentra aislada en la zona: “es muy difícil que un concesionario o alguien que tiene una hostería a la orilla del lago tenga adhesión o un grado de compromiso con nuestras demandas. Al contrario, se defiende porque ve dañado su interés primario que es vivir de ese recurso que explota”. Pero también la idea misma del turismo puede implicar cosas distintas, ocio o problemas, según qué lugar se ocupe. “Más allá de que la gente lo piense como un 'venir a descansar', para nosotros significa otra cosa, porque depende de dónde estés posicionado vas a ver la realidad. ¿Por qué muchas veces nos vemos impedidos simplemente de poder caminar a la orilla del río? ¿Cuántas veces recorremos grandes extensiones de territorios y vemos todas alambradas con carteles de propiedad privada?”.
Invernada y petróleo
Si la veranada implica llegar a la montaña y desafiar a las forestales, la invernada es llegar a la meseta y encontrarse con las poderosas corporaciones petroleras. “Nosotros estamos en permanente conflicto, tanto en la invernada como en la veranada. Porque nuestros lugares de invernada son codiciados por las empresas petroleras y mineras que los han estado explotando y pretenden seguir haciéndolo. Vos te venís de la invernada para dejarlos reposar y apenas te descuidas ya tenés dos pozos de petróleo. Entonces esto nos obliga a transformar nuestra forma de vida, para que no parezca que nos olvidamos de nuestra invernada. Necesariamente tenemos que estar pensando en los dos territorios”.Uno de los casos de mayor repercusión en este sentido fue el de las familias de la comunidad Lonko Purran, que al retornar a la zona ubicada entre las ciudades de Zapala y Cutral-Có se encontraron con las instalaciones de la empresa Pioneer Natural Resources.Hoy en Zapala el “oro negro” amenaza no sólo a los mapuche, sino a toda la región. El actual intendente Edgardo Sapag firmó la autorización para que se haga efectiva la exploración de yacimientos de petróleo. Sin embargo, Sapag no parece valorar que entre el petróleo y la superficie se encuentra el acuífero zapalino, el único lugar del cual se puede extraer agua, ya que esta ciudad no cuenta con ríos, arroyos, ni nada parecido. El intendente saliente, Raúl Podestá, había rechazado las exploraciones durante sus dos períodos por la posible contaminación de las napas de agua mineral. Pero luego de las elecciones, en las cuales fue electo gobernador Jorge Sapag, todo cambió.Los habitantes de zonas rurales se encontraron un buen día con máquinas perforando los terrenos. La empresa Pluspetrol recorrió las casas alejadas de la urbe ofreciendo dinero y convenciendo a la gente para que deje sus viviendas y vayan a la ciudad.La Asamblea Popular de Zapala describe la situación: “Por un lado está el sindicato petrolero oficial. Ellos piden que se invierta más para que las compañías puedan explotar todo y creen fuentes de trabajo. Otra postura está por la estatización/nacionalización con el argumento de que en manos del Estado es posible controlar la producción y el cuidado del ambiente, y a la vez puede servir como herramienta para empujar la liberación del pueblo. La tercera postura, que es la nuestra, afirma 'la opción cero', ya que el petróleo debe estar donde está porque no hay método seguro de extraerlo y que no contamine y arruine el acuífero”.Adriana Marcus es médica y reside en Zapala. Afirma que “el acuífero Zapala está en peligro, y el gobierno provincial no ha respetado la carta orgánica de la ciudad que declara su intangibilidad y prohíbe que se concesionen tierras en su ejido. Pero de lo que no se habla es de que todo el territorio, incluyendo Zapala, es territorio ancestral mapuche, y no se considera la necesidad de consultar al pueblo Nación Mapuche en todo este asunto”.Silvia Claleo opina que “el gobierno provincial ha respondido siempre a los intereses de las petroleras, de las mineras, de las forestales y de los estancieros, siempre lo ha hecho, y nunca ha respondido a las demandas o a las necesidades del Pueblo Mapuche”.Vale recordar el análisis del abogado Cristian Hendrickse, de la Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Campana Mahuida, quien explicó en una entrevista a la Agencia de Noticias Biodiversidadla que el gobierno “ha planteado abiertamente que Neuquén tiene una matriz económica que se basa en cuatro puntos que son: el petróleo, la energía, la minería y la forestación”. Sin embargo, “el Pueblo Mapuche va a seguir luchando, va a seguir peleando porque está en juego su vida”, se encarga en enfatizar Silvia Claleo